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COMO ABRAZAO A UN RENCOR


COMO ABRAZAO A UN RENCOR
Letra de Antonio Miguel Podesta ("El Gauchito")
Musica de Rafael Rossi
1931

José Gobello: Conversando tangos. Buenos Aires: A. Peña Lillo Editor, 1976.

Carlos Gardel lo estrenó en Montevideo, lo difundió en Buenos Aires a
través de Radio América y lo grabó en París el 26 de Mayo de 1931.
(Información extraída del libro "Letras de Tango" de José Gobello, Ed.
Nuevo Siglo). También lo canto Rivero y lo toco Piazzolla.

En este umbral inauguró los moños 
y la meditación y la esperanza.
Era como si caminara por el tiempo, 
con la tarde en los ojos
y el zaguán en la espalda.

Esta ternura en verso pertenece a Antonio Miguel Podestá. Podestá fue un poeta 
que recaló en el periodismo, porque de algo tienen que vivir los poetas, y lo 
más parecido a la poesía es el periodismo, aunque sólo se le parezca en que 
también se hace con palabras. "Falleció en Buenos Aires, cuando la luna de 
octubre de 1951. Había nacido en un barrio de anchas calles arboladas, de alto 
cielo amanzanado, con puntuación de baldíos estrelleros. Había nacido en 
Caballito en 1908. Murió, restado así de pronto, nunca tan inexplicablemente, en 
la casita de patio familiar y ventanas desveladas de la casa de la calle Ramón 
Falcón número 2155" (1). De sus pocos años, y pese al tiempo malperdido en las 
redacciones, donde todo es fugaz, donde nada echa raíces, ha quedado para 
siempre un tango, Como abrazado a un rencor, que lleva música de Rafael Rossi, 
un fueyero que venía componiendo desde 1915 y al que se deben cosas como Jueves 
y Senda florida. Los versos se los pasó Podestá a Rossi. Debió de ser en 1930. 
El tango quedó hecho, pero nadie lo cantaba. Hasta que, en setiembre de ese año, 
Gardel comenzó a cantarlo por Radio América. Luego, en mayo de 193I, lo grabaría 
en París, acompañado por las guitarras de Barbieri y Riverol. La interpretación 
de Gardel salvó a este tango, al que tal vez no se le animaran los cantores 
debido a su tono rebelde; más que rebelde, ácrata. Porque esto de la acracia, de 
la lucha contra el sistema; esto del cambio de las estructuras injustas viene de 
lejos. Sólo que por entonces no se había descubierto que la protesta pudiera 
constituir una profesión rentable.

El hecho es que el protagonista tiene la desgracia de morir en la cama y en los 
últimos momentos se acuerda de su madre. La invocación casi póstuma a la madre 
no es invento del tango. Cuenta don Luis Contreras Villamayor, en su novela o 
biografía novelada La muerte del pibe Oscar, que el célebre escrushante, entre 
los hipos de la agonía, se acordaba de su vieja querida, cuyo perdón suplicaba. 
Y Villamayor escribió su novela cuando este linaje de tangos no había comenzado 
a escribirse todavía. Con lo cual quiero decir que el tango no inventa a la 
viejita, a la vez abandonada y adorada; que la toma de la realidad. Pero, a los 
elementos tradicionales de las letras del tango -la vida perra, la traición más 
perra todavía, la invocación a la madre- el gauchito Podestá agregó otro, menos 
frecuente: la actitud antirreligiosa.

El tango, como los gobernantes inteligentes, sabe que se puede manejar con la 
Iglesia o sin la Iglesia, pero no contra la Iglesia; porque, más temprano o más 
tarde, Podgorny recalará en el Vaticano. Hay tangos de una religiosidad apacible 
y un tanto burguesa, como Misa de once; los hay de religiosidad angustiada, 
desgarrada, como Tormenta o Al pie de la Santa Cruz. Tangos antirreligiosos no 
los hay y éste de Antonio Podestá, si no es la excepción por allí anda. Pero su 
irreligiosidad no debe tomarse al pie de la letra, sino como un recurso 
literario: En todo caso, cuando dice Yo quiero morir conmigo, sin confesión y 
sin Dios / crucificao en mis penas, como abrazao a un rencor, el protagonista no 
está haciendo una profesión de militancia antirreligiosa. Sólo quiere decir que 
no claudica ante su destino y que el rencor lo ayuda más que el consuelo a 
sobrellevar su amargura. El torvo personaje de Podestá encontraba en el rencor 
la fuerza necesaria para morir, como tanta otra gente encuentra en el 
resentimiento el coraje necesario para hacerse matar. Gardel, que tenía una 
intuición asombrosa para captar el verdadero sentido de las letras que cantaba, 
no puso ningún énfasis especial en la expresión antirreligiosa de este tango. No 
puso rencor en su acento, sino dolor, que era lo justo, como al cantar Victoria, 
no puso alegría sino sarcasmo.

1. Este párrafo corresponde a una nota publicada por Julián Centeya en "El 
Laborista", Buenos Aires, 21 de julio de 1953. En esa misma nota dice Julián 
Centeya: "Su nombre circulaba en un itinerario de versos que recogían las más 
prestigiosas revistas porteñas. En voz baja se le hizo libro, de pronto, sueño 
contra sueño". Raquel Taboada, en comunicación a la Academia Porteña del 
Lunfardo (la que lleva el número 682) recuerda que En voz baja apareció en 1942 
impreso en La Plata, y que Podestá lo firmó con su seudónimo habitual, Diego 
Carlos Herrera.

NOTA DE EDUARDO ROMANO

Fue grabado por Carlos Gardel, con acompañamiento de guitarras, en el sello 
Odeón (5/31); más tarde, por Francisco Lomuto con Fernando Díaz, en Víctor 
(1941); por Astor Piazzolla con Aldo Campoamor, en Odeón (1947); por César 
Baliñas con Lirio Armellini, en Uruguay, sello Sandor (1948); por Horacio Salgán 
con Angel Díaz, en Víctor (6/50); por Edmundo Rivero con guitarras, en Philips 
(9/67), y por Rubén Juárez con acompañamiento de la orquesta Armando Pontier, en 
Odeón (11/73), entre otros.

Cuenta F. García Jiménez, que en 1931 Rafael Rossi frecuentaba las tertulias 
nocheras del vespertino Ultima hora, en cuya redacción destacábase el extinto 
Antonio M. Podestá ("el gauchito" para la mención cariñosa de todos los del 
gremio). Allí le entregó los versos del tango "Como abrazao a un rencor" para 
que los musicalizara.

Un editor tradicional, Natalio Pirovano, imprimió la pieza, que hasta los seis 
meses no había tenido prácticamente venta. El verdadero éxito lo conquistó 
Carlos Gardel en Montevideo, donde salieron tres ediciones consecutivas de la 
editorial Pirovano. AI regresar Gardel a Buenos Aires, contratado por Radio 
América, terminó de consolidar el suceso antes obtenido (F. García Jiménez, Asi 
nacieron los tangos, op. cit.).

(Recitado)

"Está Listo". sentenciaron las comadres y el varón
ya difunto en el presagio, en el último momento
de su pobre vida rea, dejó al mundo el testamento
de esas amargas palabras, piantadas de su rencor...

(cantado)

Esta noche para siempre terminaron mis hazañas
un chamuyo misterioso me acorrala el corazón,
alguien chaira en los rincones el rigor de la guadaña
y anda un algo cerca 'el catre olfateándome el cajón.
Los recuerdos más fuleros me destrozan la zabeca:
una infancia sin juguetes, un pasado sin honor,
el dolor de unas cadenas que me queman las muñecas
y una mina que arrodilla mis arrestos de varón.

Yo quiero morir conmigo,
sin confesión y sin Dios,
crucificao a mis penas
como abrazao a un rencor.
Nada le debo a la vida,
nada le debo al amor:
aquella me dio amargura
y el amor, una traición.

Yo no quiero la comedia de las lágrimas sinceras,
ni palabras de consuelo, no ando en busca de un perdón;
no pretendo sacramentos ni palabras funebreras:
me le entrego mansamente como me le entregué al boton.
Sólo a usté, mama lejana, si viviese, le daría
el derecho de encenderle cuatro velas a mi adiós,
de volcar todo su pecho sobre mi hereje agonía,
de llorar sobre mis manos y pedirme el corazón...

Colaboración enviada por: selopez
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