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YIRA YIRA
YIRA YIRA
Letra de Enrique Santos Discépolo
Musica de Enrique Santos Discépolo
Compuesto en 1930
José Gobello, Conversando tangos, Buenos Aires: A. Peña Lillo Editor, 1976.
Yira... Yira... fue estrenado, como muchos otros tangos perdurables, en el
teatro Sarmiento. Lo cantó Sofía Bozán, en la revista .¿Qué hacemos en el
estadio?., presentada en 1930. Ese mismo año lo grabo Tania, unida ya a
Discépolo.
¿Qué quiso hacer Discépolo con Yira... Yira...? Según Juan José Hernández
Arregui (1), .en 1930, la música popular de Buenos Aires, el tango, acentúa su
tristeza. Es la época de .Yira, Yira... Eso ocurre porque .después de 1930 un
estado de ánimo colectivo se extendió como expresión de la psicología del
hombre de la época.. Tal estado de ánimo era la tristeza; una tristeza de la que
los porteños al parecer no se habían dado cuenta, hasta que vino el conde de
Keyserling y se la mostró. Y bien, según Hernández Arregui, Yira... Yira...
sería la suprema expresión de la tristeza que el porteño habría comenzado a
sentir en 1930 .después del pronunciamiento militar presidido por Uriburu., al
descubrir .gradualmente que ha sido víctima de una gran falacia., que .los
supuestos en que habían crecido sus ilusiones eran idolatrías., que .la riqueza
del país no le pertenecía..
Las lucubraciones de los teóricos deben ser tomadas con beneficio de
inventario. Hernández Arregui asegura al rematar su capítulo dedicado a
.El tango como reflejo social.: .El porteño posterior a 1920 no
siente el país. La mentalidad colonial de la clase conservadora le
inyecta al porteño medio la idea del estanciero, del .niño bien que
fuma tabaco inglés., del .pisito que puso Maple., de la
.voiturette copera., en una fantasía primaria donde la cultura
agropecuaria se corporiza en la estampa con smoking de Gardel en
París.. Como puede verse, para ilustrar la peripecia del porteño,
Hernández Arregui se vale de tres tangos uruguayos (2). De la misma
manera, para ilustrar la influencia ejercida por la crisis del 30, con
todas sus connotaciones políticas, sobre el hombre de Buenos Aires,
Hernández Arregui se vale de una brillante, casi genial sucesión de
metáforas que Enrique Santos Discépolo había comenzado a enhebrar en
1927 y dio a conocer en 1930. Si Yira... Yira... cantara la tristeza del
hombre de Buenos Aires, habría que convenir en que esa tristeza no fue
consecuencia de la crisis ni de la comprobación de que la riqueza del
país había sido enajenada.
Yira... Yira... es, desde luego, un tango, triste y pesimista, al que la
música marcial .como la de Caminito, como la de Milonguita. da cierto
aire de himno (siempre me ha parecido Yira... Yira... un tango más
indicado para el canto coral que para la interpretación individual).
¿Cuáles son las fuentes de ese pesimismo, de esa tristeza? Ya he
expresado alguna vez que el antecedente literario de Discépolo es Dante
A. Linyera (3), pero corresponde señalar también al grotesco, un
género teatral al que su hermano Armando había dado piezas a las que
nadie ha perdido aún la estimación que en su momento tradujeron el
fervor del público y el de la crítica. El 26 de abril de 1928, Luis
Arata estrenó, en el teatro Cómico, uno de esos grotescos, Stefano. El
protagonista es un músico fracasado que dice, hacia el desenlace de la
pieza: .Cuando pendiente de un moto tuyo te rodeen todos los que te aman
e tú haya puesto en cada uno un amor, sabrás qué dura es la
soledá... e cómo en eya má que cantar morimo.. Quizá Yira...
Yira... no sea sino una glosa de ese pensamiento. Porque al fin y al cabo,
Yira... Yira... no es sino un himno a la soledad.
1. Imperialismo y cultura, Editorial Amerindia, Buenos Aires, 1957, págs.
128/133.
2. Niño bien, de Víctor Soliño, Roberto Fontaine y Juan Antonio Collazo; A media
luz, de Carlos César Lenzi y Edgardo Donato, y Pato, de Ramón Collazo.
3. Cfr. José Gobello, El lenguaje de mi pueblo, A. Peña Lillo, editor, Buenos
Aires, 1974, pág. 90.
NOTA DE EDUARDO ROMANO
Fue registrado por la Orquesta Típica Víctor con el dúo Gómez-Vila
(primera grabación), en el sello Víctor (9/30); a su vez, por Carlos
Gardel con guitarras, en Odeón (10/30); por Ignacio Corsini, también
con guitarras, en Odeón (10/30); Tania con orquesta dirigida por
Alberto Castellano en Columbia (1930); Ada Falcón con F. Canaro, en
Odeón (9/30); por Julio De Caro con Luis Díaz, en sello Brunswick
(1929/1932); Hugo del Carril con conjunto, en Víctor (1/39); F. Canaro
con Alberto Arenas, en Odeón (1946); A. Troilo con E. Rivero, en Víctor
(1947); Mercedes Simone con E. Bramen, en sello T. K. (1950); Donato
Racciati con Carlos Roldán, en T. K. (registrado en Uruguay); A. De
Angelis con Lalo Martel, en Odeón (12/61), y R. Goyeneche con Atilio
Stampone, en Víctor (1973), entre otros.
Estrenado por Sofía Bozán en la revista ¡Qué hacemos con el
estadio!, representada por el teatro Sarmiento, Carlos Gardel filmó un
corte en los estudios de Federico Valle donde conversa con Discépolo
sobre el tema de .Yira... Yira. ..., y luego lo canta. También fue
interpretado en la película La vida es un tango, dirigida por Manuel
Romero, cuyo reparto estaba encabezado por Florencio Parravicini, Hugo
del Carril y Tito Lusiardo, estrenado en el cine Monumental el 8 de febrero
de 1939.
Nota de Rafael Flores
El trémolo de las guitarras al comienzo no anuncia tristeza; antes bien,
cantará con serenidad su escepticismo que abarca la vida y la muerte.
Cuando manyés que a tu lao / se prueban las pilchas/ que vas a dejar..."
va de tono grave, de sentencia.
Discépolo comentó que el protagonista, después de cuarenta años de
vivir en la esperanza de la fraternidad, de pronto se desayuna que los
hombres son unas fieras: después de la creencia en el buen salvaje, el
retorno al escepticismo grecolatino.
"Yira" el que gira, el que anda por la vida que es en sus tres o cuatro
cosas básicas "caminar". Caminando se comprende esa anécdota que
contaba Discépolo: la magia de la letra hace pedir otro bis, y no falta
el efusivo que abrace al cantante para decirle "¡No, aquí tienes un
amigo! ¡Alguien te va a querer!". Y la letra vuelve a despojarse de todo
y nos canta a esa desnudez con la que vinimos a la vida y seguramente nos
iremos.
Discépolo, a través de formas simples de extraordinaria elaboración,
planteaba la transformación textual del tango: "Esta noche me
emborracho para no pensar", "Qué vachaché, hoy a la moral la dan por
moneditas", "No ves que estoy embretao... por tu corazón". Más tarde
será el mundo (la nueva sociedad que refleja el tango a fines de la
década del 20 y durante la del 30) un cambalache, aunque uno
continúa buscando "lleno de esperanzas, el camino que los sueños
prometieron...". La radicalización temática en Discépolo (educado en
el anarquismo de una forma primaria) le conduce a plantear el error
cometido por Dios: "Pero, Dios te trajo a mi destino / sin pensar que ya es
muy tarde...". Nos hubiera gustado escuchar los grandes temas de
Discépolo, posteriores a 1930, en la voz de Carlos Gardel.
Cuando la suerte que es grela,
fayando y fayando
te largue parao...
Cuando estés bien en la vía,
sin rumbo, desesperao...
Cuando no tengas ni fe,
ni yerba de ayer
secándose al sol...
Cuando rajés los tamangos
buscando ese mango que te haga morfar...
La indiferencia del mundo
que es sordo y es mudo
recién sentirás.
Verás que todo es mentira,
verás que nada es amor,
que al mundo nada le importa,
¡Yira!...¡Yira!...
Aunque te quiebre la vida,
aunque te muerda un dolor,
no esperes nunca una ayuda,
ni una mano, ni un favor.
Cuando estén secas las pilas
de todos los timbres
que vos apretás,
buscando un pecho fraterno
para morir abrazao...
Cuando te dejen tirao,
después de cinchar,
lo mismo que a mí...
Cuando manyés que a tu lao
se prueban la ropa
que vas a dejar...
te acordarás de este otario
que un día, cansado,
se puso a ladrar.
Colaboración enviada por: mandel
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