|
EUFEMIO PIZARRO
EUFEMIO PIZARRO
Letra de Homero Manzi
Letra de Cátulo Castillo
Musica de Homero Manzi
Musica de Cátulo Castillo
Compuesto en 1946
Tango
José Gobello: Conversando tangos. Buenos Aires: A. Peña Lillo Editor, 1976.
Eufemio Pizarro pertenece a Manzi y a Cátulo Castillo. Lo compusieron en 1946 y
lo estrenó Troilo. No sé si Manzi metió mano en la música. En cambio, que Cátulo
la metió en la letra es cosa que hacen evidente las rimas internas. Ya se sabe
que Cátulo cultiva las rimas internas, rimas que aumentan la musicalidad del
verso. Pero el tono de la composición .o del tema, según se dice ahora por
metonimia, tomando la parte por el todo. es borgeano. Borges regresó a Buenos
Aires en 1921, después de haber vivido siete años en Europa; entre los 15 y los
22 de su edad. Dos años más tarde, en 1923, publicaba su primer libro, Fervor de
Buenos Aires. En ese libro hay un poema dedicado al arrabal, que comienza de
este modo: .El arrabal es el reflejo de nuestro tedio.. Sin embargo, pronto el
arrabal dejaría de ser para Borges un tedio, para convertirse en un ejercicio.
Lo caminó con amor .mejor dicho, con fervor., con sagacidad y con obvia
admiración por los guapos de Palermo, que quizá hayan condescendido a
conversar con él; a azuzarle, con el relato de sus hazañas, la admiración, y un
poco la envidia. Supongo que esos sentimientos eran semejantes a los que
despertaron en Eduardo Gutiérrez .el beatificador de Juan Moreira y otros
especímenes de la misma laya. los matreros del siglo pasado. No es casual que
Eduardo Gutiérrez disfrute de la admiración de Borges (1).
Pero me estoy yendo. Estábamos en Eufemio Pizarro y en que es un tango borgeano;
un tango en el que señorea, como en algún cuento de Borges, como en alguno de
sus poemas, un malevo del arrabal. Esos malevos que Borges, ya con los
recuerdos algo trastrocados, supo confundir con los compadritos, que no eran
malevos, sino malevitos, a lo sumo. son sujetos extraños, capaces de la suprema
abnegación y de la suprema ruindad. Son .se me ocurre. gauchos en vacancia. El
gaucho pudo ocupar su coraje en la guerra de la independencia y, más tarde, en
las montoneras. Su descendiente, el compadre, tenía una enorme capacidad ociosa
de coraje, como la habían tenido los últimos gauchos después de concluidas las
luchas internas del país; cuando ya no había caudillos que los conchabaran con
el salario, siempre tentador, de los saqueos. El gaucho con coraje vacante se
hizo matrero y el compadre con coraje vacante se hizo malevo.
Se da por descontado que la característica principal del malevo es el coraje
físico; pero resulta más seguro decir que esa característica era el desprecio a
la vida; desprecio justificado, creo, cuando se trataba de la propia:
discutible, en cambio, si se trataba de la vida de los demás... Borges se acercó
a esa cáfila con admiración, pero también con astucia, y profundizó con agudeza
en su oscura, torva, psicología. Los seguidores de Borges se quedaron, al
parecer, sólo en la admiración; la admiración que refleja este tango de Manzi y
Cátulo, dedicado a un personaje real, cuyo mejor mérito parece haber sido el
coraje físico:
entraba en los disturbios del suburbio
con frío de puñal.
Su brazo era ligero al entrevero
y oscura era su voz (2).
Por supuesto, la tendencia a idealizar lo peor de Buenos Aires no es de ahora,
ni de Manzi, ni de Cátulo. Ya señalé un antecedente en Eduardo Gutiérrez. Ha de
haber otros. De todos modos, este tango, cuya música no dice gran cosa, y cuya
letra parece un compendio de todos los lugares comunes del género, no llega al
extremo de algunos de los poemas de La crencha engrasada. Y agrego también que
sería error grave el de considerar este tango como literatura maleva. Los
malevos, cuando hacían literatura, tenían preocupaciones más altas que las de
sus propias hazañas. Recuerde, el que quiera hacerlo, el De profundis, de
Vicente V. Arnold:
Los muertos en vida están,
los vivos en muerte bregan,
unos vienen y no llegan,
otros llegan y se van...
1. Algo anteriores en el tiempo hay otros escritores americanos .Fenimore
Cooper, una suerte de Eduardo Gutiérrez infinitamente inferior a Eduardo
Gutiérrez; Washington Irving, urdidor de agradables españoladas. pero podemos
olvidarlos sin riesgo.. Jorge Luis Borges, Otras inquisiciones, 1952, 60.
2. Por lo que sé, este Pizarro era escruchante, y lo llamaban La partera, por
alusión a la valijita en que llevaba sus herramientas de trabajo.
Fue grabado por la orquesta de Francisco Canaro, con Alberto Arenas, en 1947.
Escribió Horacio Salas: .Para Manzi, el guapo no es sólo un personaje curioso,
un mero cultor de coraje, sino que constituye un producto del medio, de la
miseria que lo circunda, de una sociedad que no le otorga alternativa. Quizá por
eso, cada vez que describió a un típico compadre (como con aquel mitológico
Eufemio Pizarro, al que conocieron con Cátulo Castillo cuando gracias a un
indulto de Hipólito Yrigoyen acababa de regresar del penal de Ushuahia), lo hizo
con respeto, como lo demuestra este tango.
Morocho como el barro era Pizarro,
señor del arrabal;
entraba en los disturbios del suburbio
con su frío puñal.
Su brazo era ligero al entrevero
y oscura era su voz.
Derecho como amigo o enemigo
no supo de traición.
Cargado de romances y de lances
la gente lo admiró.
Quedó pintado su nombre varón
con luz de luna y farol,
y palpitando en mañanas lejanas
su corazón.
Decir Eufemio Pizarro
es dibujar, sin querer,
con el tizón de un cigarro
la extraña gloria con barro de ayer
de aquel señor de almacén.
Con un vaivén de carro iba Pizarro,
perfil de corralón,
cruzando con su paso los ocasos
del barrio pobretón.
La muerte entró derecho por su pecho,
buscando el corazón.
Pensó que era más fuerte que la muerte
y entonces se perdió.
Con sombra que se entona en la bordona
lo nombra mi canción.
Colaboración enviada por: Eduardo Serrano Orejuela
Gardel-FAQ-Info-Música-Deportes-Cultura-Noticias-Internet-Turismo-Mirrors-Estadísticas-Comentarios