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POES� FINA DE ARRABAL


POESÍA FINA DE ARRABAL
Humberto Peralta Mayorga

El sudor, la polvareda, el barrio bravo, han sido simientes de géneros 
musicales que luego pisaron fastuosos escenarios y muy pintados salones 
de baile.

Jazz, rock, tango... y la lista sigue. El tango es música, atrayente 
baile y letra tan sabrosa como desconcertante. Recuerdo en mi niñez que 
La cumparsita era casi un himno internacional del tango estilizado, y en 
mi ignorante mocedad creí que en esas versiones orquestadas de La 
cumparsita, terminaba todo. Pero llegando a la madurez me sorprendió 
descubrir que a los resumidos acordes se le sumaba la poesía desnuda 
acerca de un abandonado citadino que en el colmo de los colmos, su 
perrito al verlo sólo, también se fue.

El tango creó una cultura mundial, pero una de sus vertientes es 
digerida a medias únicamente por aquellos que hablamos español, pues en 
ese género musical campea el lunfardo -argot rioplatense--.

Tanto ha sido el éxito de los poetas de arrabal que en nuestros días, 
se están editando conjunto de letras tangueras, sólo las letras, sin 
partituras, y han alcanzado notable popularidad de venta, nos dice el 
doctor Gilberto Bergman Padilla en la presentación del ensayo de Pedro 
Luis Barcia, Rubén Darío, entre el tango y el lunfardo, publicado por el 
Consulado del Uruguay en Managua.

Rubén Darío, nicaragüense y universal, centroamericano y suramericano, 
no pasó por alto esta inflexión del castellano porteño, uruguayo y 
argentino. He aquí que el sublime poeta se ocupa del lunfardo y 
posteriormente el lunfardo se ocupa de él. Habida cuenta que la buena 
poesía es buena aunque provenga de la arrinconada migración masiva y de 
arrabal - crisol de razas y olla donde se cuecen herméticos lenguajes--.

Como ratificando esa señalada hermandad de los pueblos uruguayo y 
argentino, del espacio rioplatense, Darío publicó simultáneamente en 
1894, el mismo artículo sobre el libro del jurista Antonio Dellipiane, 
El idioma del delito, en medios hemerográficos en ambas orillas del 
Plata: La Razón, de Montevideo y la modernista Revista de América, que 
editaba Darío con Ricardo Jaimes Freyre en Buenos Aires, escribe 
Bergman al referirse al artículo sobre el lunfardo.

No pudiera pensarse que dos cosas tan extrañas y lejanas entre sí - como 
lo son la poesía selecta en un lado y la jerga del lunfardo en el otro- 
pudieran haberse unido. Fue por obra y gracia de la omnipresente 
genialidad de Darío en su avanzar por el campo del neologismo y la 
novedad lingüística, así como por su valentía para inventar nuevas 
palabras o trasponerlas de otros idiomas. Pues de la misma forma que 
Rubén hace suyo y nuestro el italiano, el inglés y el francés, también 
se interesa por el argot.

Ya desde entonces el vocablo farra que presuntamente pertenece al 
lunfardo y que significa: diversión, francachela, orgía; lo usa en un 
escrito nuestro glorioso poeta, y lo utilizamos sus coetáneos: Se fue 
de farra. Anda de farra, decimos.

Cosmopolita es el Rubén periodista de La Nación, en 1894, cosmopolita es 
Buenos Aires, por los migrantes variopintos del Viejo mundo, y 
cosmopolita es el alma nicaragüense, abierta por los cuatro costados en 
su condición natural de tierra de paso.

Y vemos cómo el analfabeto nicaragüense, obrero o campesino, se apropió 
a su manera, de la inteligencia superior que tenía Rubén. No hace mucho 
tiempo, trabajadores en sus coloquios recitaban de memoria supuestas 
salidas brillantes rimadas, con las que nuestro poeta se defendió de 
castizos hispanos empecinados en humillarlo por su condición de mestizo 
o amante del licor.

También los letristas tangueros se identificaron con la riqueza verbal 
dariana y, entre palabra y palabra de su argot hicieron surgir el verso 
fino del Rubén hermano, del Rubén vecino del Río de la Plata.

Según apunta Pedro Luis Barcia en el mencionado ensayo, hay vestigios 
rubenianos y se nota afecto e intimidad en esos letristas de tango, 
respecto al Príncipe de las letras castellanas. Y además existe una 
concreta intertextualidad entre poemas de éste y algunos tangos.

No tengo la menor duda que el creador de Sonatina, hubiera gozado al 
escuchar la versión de Celedonio Flores que no es una parodia, más bien 
es un afán de soñar entre la selva ruin del malevaje, y de hacer versos 
sutiles, delicados; convirtiendo a la princesa triste en bacana o 
viceversa.

Pudiérase concluir que la Sonatina es a otro nivel poético, el tango 
dariano por excelencia. Al menos los porteños lo quisieron así: La 
bacana está triste, ¿qué tendrá la bacana?.

Y el porqué de esta afinidad de doble vía, lo explica en parte Rubén en 
su artículo El idioma del delito: ...todos las literaturas presentan 
muestras de decadentismo y afinidades con las jerigonzas criminales, 
pues la onomatopeya, las alteraciones y la afición a la imagen se 
encuentran en donde quiera que haya tenido cultivo el arte de la palabra.

Colaboración enviada por: Eduardo Serrano Orejuela
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